En estos días mi jefe está dejando hundir el barco.

Le interesa poco que nuestra área de Evaluación Financiera consiga estable gracias al poder que él mismo logro en los pasados años. Con la compra de la empresa, y con lo poco bien que le caen los nuevos dueños, ha tirado la toalla y está dejando las cosas a la deriva.

Ultimamente le ha dado por hacer juntas y quejarse amargamente de lo injusto de los nuevos patrones porque no le quieren pagar más de lo que él esperaba. Pero a nosotros, sus subordinados no nos dice “estoy luchando para mejorar sus condiciones económicas” Solo ve su propio beneficio.

Su actitud contagia a mis compañeros, y erróneamente llegan a pensar que los nuevos dueños no conocen a fondo la forma de analizar proyectos de inversión tan grandes como los que manejamos. Es natural que ellos no lo sepan; para eso nos compraron. Pero no son tarados como para dejar que hagamos lo que queramos. Ellos mandan y nosotros debemos doblegarnos. Sin embargo mi jefe considera que ellos deben hacer lo que nosotros digamos, o mejor dicho, lo que él desee. Yo por mi parte sigo siempre con el doble juego: he tenido que hacer algunos análisis para el área homóloga donde los nuevos jefes solicitan apoyo. No le he dicho a mi jefe que lo hago, pero al parecer me voy ganando la confianza de aquellos, y quizá pueda incluso moverme de estancia, digamos que de ciudad.

Si eso pasara mi jefe tendría de nuevo que recibir la llamada que diria asi

“Jefe del tecnócrata?, estamos interesados en que el tecnócrata trabaje con nosotros, podrías por favor darme tus comentarios?”

Eso sería algo que mi jefe actual no se espera y superada la sorpresa, odiaría =) pero quizá no podría hacer mucho porque en caso de que se interesaran por mí los nuevos jefes, el actual no tendría más que aceptar.

En fin, yo veo que el barco se hunde y con él sus tripulantes.

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