El día de ayer, me informó una mujer de Topitel, que la envían a otro edificio. Esta mujer , que ahora nombraré como “la chaparrita“, me ha estado dando vueltas en la cabeza desde hace casi un año que la conozco. Me gusta, es verdad. Es chaparrita, de complexión un poco gruesa, y bastante mocha -esto es, bastante apegada a la religión católica-, cualidades que están fuera de mis cánones, pero que por alguna razón me atraen de ella.

Es casada. La conocí hace casi un año en el camión de transporte de la empresa. En aquel entonces ya la había visto y me había atraído, sin embargo no me decidía a hablarle. Y sin embargo, la ocasión se dió: ella se buscó sentarse a mi lado, mientras el camión recibía a los demás individuos para partir. Recuerdo que había llovido y algunas goteras en el camión hacían imposible sentarse en cualquier lugar. Yo escogí un buen lugar para no tener que lidiar con el agua, y parece que ella encontró mi lugar óptimo, de manera que se sentó a mi lado y con una sonrisa me dijo “hola”.

Yo leía el Quijote, y correspondí con otro “hola” mientras trataba de controlar mis nervios. Reanudé mi lectura y fue ella quien me dijo ” ¿puedes leer aun con el camión en movimiento? yo no puedo, me mareo”. Y de allí comenzamos a platicar. En aquel tiempo yo necesitaba usar el camión cada semana y era la ocasión perfecta para poder sentarme a su lado y platicar. Qué puedo decir? sentí que le gusté pero desde el principio ella fue contundente : estaba casada. Y de hecho tenía solo un año de haberse comprometido, de modo que el límite siempre fue marcado. Sin embargo, yo no perdí oportunidad para tratar de encontrarla “casualmente” sobre los pasillos de este piso. Ella también tenia su cubículo en este piso y podía ir a verla casi cuando quisiera. Casi? bueno, no estaría bien visto que cada hora pasara a visitarla por lo que traté solo de que “ocasionalmente” nos vieramos y pudieramos platicar un poco. Desde mi lugar puedo observar la puerta de salida que dirige a los baños, de modo que era fácil monitorear sus accesos y salidas. Ella no se daba cuenta que la miraba y tenía el tiempo perfecto para pararme y de pronto “topar con ella”.

De ese modo logré en algunas ocasiones darle un “aventón” como decimos aqui, es decir, llevarla en mi coche a una parada de autobus donde su esposo la esperaba. Por lo que deduje de pláticas sobre él, el fulano trabajaba en algo sobre diseño gráfico y pues no era oficinista. Seguramente el tipo se pasaba el día perdiendo el tiempo mientas que la chaparrita trataba de salir adelante en el área de abogados tratando de resolver problemas en que nuestros clientes se niegan a pagar a Topitel lo acordado por algún producto.

Honestamente deseaba a esa chaparrita. En más de una ocasion me perdía en sus curvas, -¿curvas? – y deseé poner mis manos allí. Pero lo que más me atraía esa su mirada, unos ojos profundos y una sonrisa tierna, de niña. A pesar de sus 31 años esa chaparrita daba una impresión de una edad menor.

El día de ayer me dijo “Tecnócrata, me llamaron para irme a otro edificio. Ya empaqué mis cosas y quería despedirme de tí. Estaremos en contacto tan pronto me asignen email.”

Solo pude desearle suerte y que todo esté bien. Nos despedimos con un beso. Mucho hubiera deseado acariciar su cabello o abrazarla, pero se que eso no está permitido en esta “relación”.

Pude tomarle una foto. Está de espaldas

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